La vida en la capital no es tan mala, he de reconocerlo. Este verano parece que está dando un respiro y los calores de los que tantos huyen están pasando desapercibidos. La mezcla de gentes, con sus costumbres, sus defectos y sus aromas, con sus curiosas formas de pasar por la ciudad, hacen de las noches de Madrid un cóctel perfecto. Incluso aunque muchas veces resulta asfixiante, la capital española es la ciudad europea que más árboles tiene en sus calles. Aun así, como amante de la lectura, lo que más me sorprende es la vida que bajo tierra adquieren los libros. La literatura tiene allí un santuario. Entre las distintas líneas que entrelaza el metro, cientos de libros recorren la ciudad silenciosos. Tan solo se dejan ver por aquellos que pasan horas debajo del asfalto. Todo un manjar para quienes disfrutan entre papeles. Un escaparate donde enamorarse de las historias más insospechadas. Creo que es una de las costumbres más bonitas que ha creado la ciudad. Podría haberse optado por otras actividades para ocupar el tiempo entre los viajes, pero los madrileños escogieron ensalzar a los escritores. Y yo se lo agradezco. Aunque eso suponga que alguna vez, ensimismada entre las hojas de un libro, haya estado a punto de pasarme de estación ¡Qué más da! Es imposible enfadarse por eso cuando alguien te ha regalado entre cientos de páginas un relato que ameniza las dos horas que cada día se pierden cruzando la ciudad.

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ResponderEliminar¿Y cómo se puede escribir un blog taaan especial, tan bonito?
ResponderEliminar¿Tan tuyo?