Si yo fuera Caperucita...
ME COMERÍA AL LOBO
Yo no sé si la habréis visto, pero a mí me ha gustado. Bastante. Una Caperucita nada inocente y un lobo, que no es tan lobo. Nada que ver con las versiones que desde pequeños han inundado nuestros recuerdos. Nada de una abuelita enferma a la que hay que llevar comida (en una cesta, por supuesto), sino toda una señora misteriosa, inteligente y con carácter. Y una Caperucita a la que por primera vez le pongo nombre: Valerie. Lo del nombre no es que me entusiasme demasiado. Caperucita es mejor. Más abstracto. Más intrigante. Más misterioso... Pero lo compensan con el canis lupus. Me encanta el lobo. Yo sucumbiría a todos sus encantos. A TODOS, he dicho.
Y puesto que para comerse al lobo hay que olvidarse de ser requete-recatada, he buscado las alternativas al cuento de los hermanos Grimm, donde el erotismo se esfuma, y he dado con Rebeca Saray. Mejor juzgar con vuestros propios ojos. Y ya de paso echadle un vistazo a todo el trabajo de Saray, a mí me parece fantástico.















Tú sí que eres una Caperucita. Una mezcla: dulce dulce como la del cuento popular y moderna, chic como las de las versiones cinematográficas.
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