martes, 23 de agosto de 2011

A veces no es suficiente

No sé si las casualidades existen. Probablemente. Lo que sí es seguro es que a veces diferentes personas están pensando en lo mismo. Resulta que una compañera mía hoy proclama a los cuatro vientos la siguiente frase: "No trates con prioridad a quien te tiene como segunda opción". No he podido por menos que reírme. No de ella. No de la frase. De mí. De mí porque he pensado: "Bonita, esta frase te la han pintado para ti".  Y es que hoy también, por casualidad (o no), leí una entrevista en El Mundo de Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría que cree en "el amor que se trabaja día a día". Y entonces, mientras me asombrada de lo profundo del contenido de estas sencillas palabras, me vino a la mente la historia de una amiga. Una vieja amiga.

Mi amiga nunca creyó en príncipes azules ni en ranas que dejan de serlo cuando reciben el beso de una bella jovencita. Siempre considero tontas a aquellas que esperaban a que un hombre les sacara las castañas del fuego. Nada de alfombras rojas donde poner sus delicados pies. Ella prefería andar descalza, aun a riesgo de lastimarse, si con eso conseguía valerse por ella solita. Nada de caballeros que le abrieran la puerta. De vestidos que le oprimieran el corazón hasta el punto de sentir sus latidos en las sienes. Nada de cuentos de princesas. Pero un día se enamoró ¡Y qué carajo! ¿A quién le importa nada cuando está enamorado? Así que dejó que su hombre se convirtiera en un apuesto caballero, que la cogieran en brazos, que la metiera en una burbuja en la que nunca pasaba nada. Se dejó encandilar por palabras bonitas. Deseó ser la dueña del zapatito de cristal. Y comenzó a dejar de vivir su vida para vivir la vida de él. Para dedicarse por completo a su príncipe. Su príncipe que dejó de serlo en cuanto vio que tenía todo ganado. Nada de caricias. Ni te quieros. Promesas incumplidas. Palabras groseras. Noches de llanto. Llantos de día.

Si volviera a ver a mi amiga, a mi antigua amiga, le diría que se dejara aconsejar por las palabras de Rojas. Que el amor no es solo un sentimiento, "es una decisión, la determinación de trabajar el amor elegido". Si mi amiga hubiera sabido esto antes de enamorarse, se habría dado cuenta de que su caballero no lo era tanto cuando no se molestaba en cuidar su relación. Que el amor es un acto de voluntad, sí, pero de inteligencia también. Por eso, dice Enrique Rojas, no se debe cometer el error de convertir a la otra persona en algo excepcional. Y aquí enlazo con la frase de mi conocida. No hacer de la otra persona tu prioridad si esta no se ha comprometido, con voluntad e inteligencia, en la relación. Y es que eso de que el amor todo lo puede no es cierto. Estar enamorado no es suficiente: "Hay que saber dar y  recibir amor, conocer la importancia del lenguaje verbal y no verbal, las cosas que se dicen con las palabras y los mensajes que comunican los gestos", afirma Rojas.

A mí Enrique me ha enamorado, con inteligencia, al dar a conocer con sus palabras un poquito más acerca de lo que es el amor. Y me ha hecho pensar. En mi amiga. En mí. Sobre todo con una frase devastadora: "Mi experiencia clínica revela que un gran número de hombres solo se muestran cariñosos con sus parejas antes de tener sexo. Eso traduce una gran pobreza en la educación sentimental". Cuando leí estas palabras, me cayó una losa encima. Pensé en mi amiga. En los muchos momentos en los que me dijo "a veces es cariñoso" y en lo que venía después de aquellas palabras. Y quise decirle: A veces no es suficiente.

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