Dicen que las despedidas son siempre amargas. La verdad es que, por mucho que se las quiera endulzar, cuesta cerrar etapas. Por eso yo os propongo desde aquí que esto no sea un adiós definitivo, dejémoslo en un hasta luego. Un punto y a parte, pero no un final. Cuando la vida te pone en medio a gente que merece la pena (esto es: a gente que sin conocerte de nada, sin juzgarte, sin prejuicios, te da un beso después de no verte un fin de semana, te ofrece un abrazo cuando estás triste, te regala un detalle en tu día especial, se sienta a tu lado simplemente para ver qué tal ha ido el día...), una debe hacer el esfuerzo de conservarla ¡Qué digo esfuerzo! Tiene la obligación. Aunque podéis estar tranquilos. No me supone una carga el acordarme de vosotros, el seguir mimando las amistades que han nacido. Para mí es un placer. Porque aunque es cierto que hay gente que camina a tu lado solo por un tiempo y que después se marcha, otra gente se queda para siempre. No penséis que mi caso es el primero. Aquí estaré siempre que queráis.
GRACiAS por todos los momentos que me habéis regalado este veranito.
[Espero que cuando volvamos a encontrarnos antes que periodistas, antes que competencia, antes que nada os acordéis de que un verano no muy caluroso en Madrid fuimos compañeros]
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